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Diarios de un Chikungunya (4)

Capítulo 4: Una noticia reveladora

La curiosidad me ha conducido hacia fabulosas anécdotas y experiencias; En mis viajes procuro mantener una atención total a todo aquello que me rodea, como si tuviese que tomar una foto de cada escena que explicase la historia observada en cuatro trazos.

Con las radios y canales de televisión local no es una excepción; así fue como me enganche al mundial de kabaddi (una deporte de tocar y pillar increíble); Pero eso fue en Mumbai unas cuantas semanas después de la noticia más reveladora de mi viaje.

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Diarios de un Chikungunya (2)

Capítulo 2: Un encuentro inesperado

No era una mañana de septiembre cualquiera!

Despertarse en un nuevo lugar  siempre me parece un regalo, una decisión y una apuesta; pero si añadimos la ilusión de pisar por primera vez un país y la ensoñación de sus reconocidas maravillas, India, en esta ocasión, se convertía en un nuevo “mejor primer” despertar.

Descansado, con la garganta reseca del aire acondicionado y una leve quemazón en el lateral del dedo índice de la mano derecha. La noche anterior había untado expresamente piernas, brazos y cara con repelente de mosquitos (de hecho había usado dos marcas diferentes) pero tenía una leve incisión rodeada de un pequeño halo rosado. No le di mayor importancia, pero sí advertí la mas que probable picadura de un mosquito. Pensé que no sería la última en un viaje sin fecha de retorno y decidí retomar la rutina matutina.

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Diarios de un Chikungunya (1)

Capítulo 1: Un caldo de cultivo

Aquel callejón de Paharganj acumulaba la suciedad de la India en una sola estampa; en un desnivel de la calle se amontonaban plásticos y desechos orgánicos mientras los afanados vecinos hacían las veces de barrenderos. Había algún que otro charco embarrado y lixiviados varios,  un manto de polvo seco alrededor y un calor sofocante. Era una bienvenida icónica, reflejo fiel de todas aquellas imágenes referidas antes sobre la salubridad del país.

Mujeres ataviadas de colores y niños flacuchos caminaban ajenos a nuestra mirada; por un breve instante el aire se enrareció e hizo incomodo, nuestro paso se hacía necesariamente veloz mientras sorteabamos la presencia tranquila de dos vacas que mascaban algún manjar poco sagrado. Alrededor todo era cotidianidad, el asombro sólo era nuestro.

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